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jueves, 6 de marzo de 2014

10 Claves para Fomentar el Estudio


Muchas familias nos pregutamos cómo inculcar en nuestro hijos e hijas sus hijos el hábito del estudio y del esfuerzo que son las claves para alcanzar una formación plena. Muchos profesionales coinciden en que la única regla es el incentivo y la motivación, y que a partir de ella se puede crear un decálogo muy útil para que nuestros menores afronten la ardua tarea de formarse con entusiasmo y seguridad.

1. El espacio de trabajo. Este espacio debe ser siempre el mismo, no importa si es la mesa de la cocina o su escritorio en la habitación, durante el tiempo de estudio es “su” lugar. Debemos tener en cuenta que antes de sentarse a estudiar cuente con todos los materiales necesarios a mano, que sea cómodo y que tenga el tamaño suficiente como para desplegar todos los útiles escolares que vaya a utilizar. Importante: durante el período de estudio, las radios, ordenadores, televisores y vídeo consolas deben estar apagadas.

2. Disposición y seguimiento. Quizás debido al ritmo de vida que llevan muchos padres este sea el punto más difícil. Muchas veces los horarios de los adultos no coinciden con el de sus hijos. Un truco que pueden seguir los que no están a las horas en que los niños hacen las tareas, es tomarse quince minutos para llamarlos por teléfono y preguntarles qué tal les ha ido el día, recordarles que deben hacer las tareas y acordar con ellos en que las revisarán y despejarán las dudas que haya en cuanto regresen a casa.

3. Conocer las limitaciones de los hij@s. No todos los niños y niñas son iguales, algunos tienen la suerte de que con solo asistir a clase pueden perfectamente aprobar y además con nota, y otros, sin embargo, necesitan esforzase para llegar al aprobado, es importante conocer las limitaciones de los pequeños y estimularlos para superarse.

4. Refuerzo positivo. No sirve de nada premiarlos en función de las notas. Se debe tener en cuenta el esfuerzo realizado y el premio o el tirón de orejas tiene que ser en función de ese esfuerzo. Una de las premisas más importantes es que estas recompensas sean diferentes, no siempre de carácter material y por supuesto, de ninguna forma “automática”, porque si no, al final carecerán de ningún valor.
5. Interesarse por los temas de estudio. Está demostrado que los pequeños responden positivamente al interés de los padres por los temas de estudio, a ellos no les ayuda que solo nos preocupen sus resultados académicos y seguro que estos mejoran cuando los padres forman parte activa en la educación.

6. Fomentar la lectura. El interés por la lectura no es algo que se genere espontáneamente, el entorno de los pequeños tiene mucho que ver, para poder inculcar el gusto por la lectura es importante que los niños convivan en un clima de respeto y amor por los libros, pero además, es vital que cuenten con temas y niveles accesibles. De nada vale insistir con libros de divulgación científica a niños que adoran las historias de fantasmas o viceversa.

7. Estado físico y emocional. Esta es una de las causas más determinantes en el rendimiento escolar, por eso los padres deben estar atentos a estos factores. Muchas veces los padres, con la mejor intención, llenan a los niños de actividades que pueden repercutir negativamente en su estado físico. Las actividades extra escolares están muy bien, pero no hay que olvidar que para rendir hay que descansar, y que el juego es parte del descanso.

8. La regla de oro. La capacidad intelectual no lo es todo. Se tiende a pensar que si alguien es inteligente con eso es suficiente, pero está comprobado que jamás puede suplir la constancia y el esfuerzo que requiere todo proceso de aprendizaje, lo principal es inculcar en los pequeños la cultura del esfuerzo con el que seguro tendrán buenos resultados.

9. Aprender es divertido. Este es otro punto que requiere de un esfuerzo extra por parte de los padres. No hay duda de que el juego es lo que más motiva a los jovencitos de la casa, pero ¿quién ha dicho que no se puede aprender jugando? Quizás quitar tiempo al estudio formal para cambiarlo por juegos didácticos puede ser una gran fórmula para aquellas materias que les gustan menos, y una vez le empiezan a pillar el gustillo, decirles: “¿ves que aprender es divertido?”. Agudiza el ingenio.

10. Favorecer la autonomía. Aprender es un proceso tanto para hijos e hijas, como para padres y madres. No hay duda que en los primeros años escolares hay que estar más pendientes de las tareas y exámenes, pero también hay que saber retirarse a tiempo y esperar a que sean los niños -que ya se están convirtiendo en adolescentes- los que nos pidan algo de ayuda.  Esto no quiere decir que nos despreocupemos (ni mucho menos) sino que pasemos a un segundo plano, si les inculcamos la cultura del estudio, a medida que crezcan aplicarán ellos solitos los métodos que les hemos enseñado.

Visto en Apréndelo

martes, 8 de octubre de 2013

Mamá y yo hemos suspendido tres asignaturas esta evaluación


Un niño de once años que acudía a consulta porque sus padres estaban preocupados por su rendimiento escolar me dijo: “Hemos suspendido tres esta evaluación”. Preguntado entonces a quiénes se refería, me dijo “mamá y yo” y pensativo añadió: “Aunque para ella es peor porque había estudiado más que yo”. Esta anécdota refleja el creciente aumento de preocupación de los padres porque sus hijos no hacen los deberes si no están ellos encima. Y además muestra una realidad nada cómica en los hogares: luchas diarias para conseguir que hagan los ejercicios, tardes enteras empleadas por toda la familia en las tareas del niño y un inevitable fracaso escolar con el tiempo. Y lo que es más importante: una absoluta falta de autonomía a la hora de estudiar y de aceptar como propia la responsabilidad académica.

El objetivo inicial de implicar a los padres en la educación escolar se ha desvirtuado y entrar en una dinámica equivocada tiene como resultado que los niños no saben estudiar solos.

La explicación que los desbordados padres dan acerca de por qué hacen los deberes con los niños, y en muchas ocasiones en lugar de ellos, es que a sus hijos no les gusta o sólo los hacen para conseguir algo, sin motivación propia. Parten de la concepción errónea de que la motivación o el encontrar divertido hacer las tareas escolares es algo innato, que no depende de ellos, cuando en realidad a cualquier niño le gustaría más estar jugando y no copiando hojas.

"Está creciendo la dependencia de los niños hacia la ayuda de los padres con sus deberes"

Pero algunos niños empezaron obteniendo refuerzos a la hora de hacer los deberes, tanto en el colegio como en casa, y al final han acabado asociándolo como algo gratificante. Por tanto, cada vez es menos necesario premiar en casa, puesto que el niño tendrá otro tipo de refuerzos menos materiales o que no dependen ya de los padres. Tienen esa "motivación interna" que reclaman. Pero no venía de serie, la han adquirido.

La dinámica errónea también tiene que ver con qué conducta estamos reforzando: el niño no hace los deberes, por lo tanto los padres se sientan con ellos y les dedican su tiempo y esfuerzo. Eventualmente acaban facilitando también la respuestas a los problemas que les surgen y ayudando en todo lo posible para que acaben antes de la hora de la cena. Las siguientes semanas, la situación no mejora sino que cada vez su dependencia hacia la ayuda de los padres es mayor.

¿Qué está ocurriendo aquí?

Al dedicar nuestra atención al niño, antes siquiera de que empiece la tarea, estamos reforzando esa inactividad. El niño sabe que si se queda parado frente a los deberes sus padres acudirán. El no contestar bien las tareas o tardar en hacerlas tiene como premio el que sean los padres quienes nos den la respuesta o faciliten todo para acabar cuanto antes. ¿Para qué esforzarse entonces? Aunque tengan que soportar alguna regañina, al final el trabajo estará hecho, sin que apenas hayan tenido que pensar o trabajar, y además durante la larga tarde habrán tenido toda la atención del mundo y no siempre en forma de malas caras.

"Cuanto mayor es el niño, mayores serán los conflictos en casa para que haga los deberes"

El problema es luego a la hora de hacer los exámenes. Allí no están los padres para completar las respuestas como hacen en casa. Es fácilmente identificable un examen de un niño que no ha estudiado por el tipo de respuestas “vagas” que dan. El niño suspenderá y los padres se verán más justificados que nunca para estar encima de ellos, “ahora es cuando no podemos dejarle a su aire” y en todo este proceso el niño no habrá aprendido la manera de gestionar su tiempo, de resolver problemas o de aplicar sus propias estrategias para optimizar su aprendizaje. En definitiva. No habrá aprendido a estudiar solo.

El no saber salir de esta dinámica al priorizar los resultados académicos al propio aprendizaje de la conducta de realizar los deberes de manera autónoma, prolonga esta situación hasta el absurdo. El niño sigue adelante con los estudios y puede llegar al bachillerato incluso sin haberse responsabilizado de los éxitos o fracasos académicos y sin tener herramientas propias para estudiar. Cuanto mayor es el niño mayores serán los conflictos en casa para que haga los deberes y mayores dificultades tendrá para hacer frente a los estudios, así que al final el fracaso es inevitable.

Desengancharse de esta dinámica tiene que ser gradual: no podemos pretender que lo que no ha aprendido a hacer en años pueda aplicarlo de golpe, por lo cual nuestra retirada tendrá que hacerse de una manera estudiada.

Cómo pasar de hacer los deberes con el niño a que los haga él solo

1. Es muy importante conocer previamente si existe alguna dificultad real en el aprendizaje y cuál es la capacidad del niño para adaptar nuestra ayuda a sus necesidades. Si existe algún déficit, habrá que trabajar con el colegio para conseguir que el niño aprenda técnicas que compensen sus dificultades, pero en ningún caso la solución será hacer los deberes por el niño e ir tirando indefinidamente.

2. Nuestra presencia no puede ser lo que mueva al niño a hacer los deberes o nos obligará a estar siempre pendientes. Hay que usar otro tipo de estímulos y los más útiles son los temporales y los espaciales: empezar siempre a la misma hora y en el mismo lugar de estudio facilitará que el niño sepa cuándo tiene que ponerse y cuándo dejarlo.

3. Cuando el niño se ponga, le pedimos que nos llame y entonces, al principio, le organizaremos las tareas por partes y explicaremos cuál es la primera que tiene que hacer. Después dejamos al niño sólo haciéndola.

3. Si el niño tiene dudas nos puede llamar pero nunca permaneceremos sentados con él. Tras resolverlas nos volvemos a ir y sólo acudimos cuando la haya terminado y nos llame.

4. Reforzamos entonces la ejecución y corregimos lo que no esté bien. Después, explicamos la nueva tarea y volvemos a dejarle sólo. Puede ser algo cansado al principio pero el cambio es importantísimo: hemos pasado de reforzar la inactividad a reforzar la ejecución. El niño hará los deberes sabiendo que al hacerlo es cuando tendrá la atención y ayuda de los padres, y no antes.

5. Cada semana se irá viendo la evolución y entonces iremos bajando el nivel de apoyo: cada vez dosificaremos menos y no hará falta acudir tantas veces. Luego sólo explicaremos al principio y corregiremos al final de la tarde. Finalmente no hará falta más que una pequeña revisión informal de lo trabajado, porque el niño será capaz de realizarlos todos de manera autónoma.

6. Es muy importante reforzar cada día por el estudio y no sólo por los resultados en el colegio. Además de felicitarle por su trabajo, le demostramos cómo de esta manera la tarde es más gratificante para todos y puede tener mucho más tiempo para jugar al acabarlos antes.

7. Por último, para conseguir mejores resultados, es importante que el colegio vea el cambio en el planteamiento con el niño y si aún es pronto para reforzar con buenas notas, es bueno que sí le hagan ver al niño que su esfuerzo se nota. 

Visto en El Confidencial



lunes, 21 de enero de 2013

Ayudarle a hacer los deberes no es ayudarle


Faltan tres días para los exámenes de Matemáticas y Ciencias de Álvaro, de 10 años, que estudia en un colegio concertado con fama de duro. Miguel, su padre, se sacaba las castañas del fuego a su edad, pero estos días se tomará la tarde para repasar juntos las materias más duras. ¿Es necesario? ¿Perjudica a su autonomía? “Los padres y, sobre todo, las madres de todos los estratos sociales dedican varias horas diarias a ayudar a sus hijos con los deberes o a vigilar que los hagan. Y esta realidad contrasta con el extendido y falso discurso de que el fracaso escolar se debe a que los padres no se preocupan por la educación de sus hijos”, sostiene Enrique Martín Criado, profesor de Sociología en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. El 80% de los estudiantes de primaria reciben ayuda y el 45% de los de secundaria, según la Encuesta sobre los hábitos de estudio de los niños españoles de TNS Demoscopia.

“Los padres empezaron a involucrase más hace una década. No solo por las medidas de conciliación familiar, también porque los padres de ahora tienen al menos estudios medios, algo de lo que no disfrutaron las generaciones anteriores”, explica la pedagoga Maite Rodríguez Estévez, que imparte cursos para educadores y terapeutas. “Eso ha hecho que la relación padre-hijo se escolarice. Lo que importa son los resultados académicos. Todo gira alrededor de esa necesidad y se ha olvidado el inculcar valores, el juego, la responsabilidad... No hay tiempo para otras cosas en las horas que pasan juntos”. La también maestra pone como ejemplo las actividades extraescolares que ya no son en su mayoría deportivas —como tradicionalmente—, sino clases de refuerzo o de inglés. “Hay una obsesión por la cantidad, cuando no se trata de echarle horas”.

Implicarse no puede significar hacerle los deberes al alumno. “El padre se tiene que poner en la posición del entrenador. Un entrenador no corre con el jugador ni tiene que comer las mismas calorías, ni, por supuesto, sufrir sus lesiones. Un entrenador tiene dos funciones fundamentales: organizar y asesorar con el objetivo de mejorar el rendimiento”, argumenta la psiquiatra Orlanda Varela.

Como ella opina la mayoría de expertos. “Las tareas deben entenderse como un compromiso que el alumno debe adquirir, pero sin precisar de la orientación constante de otra persona”, recalca el equipo pedagógico del Liceo Francés de Madrid. En otras palabras, codos sin nadie en la silla de al lado.

“Hacer los deberes con él genera dependencia y si el niño tiene dificultades refuerza la idea de que no es capaz de hacerlo él solo”, enfatiza Rodríguez Estévez, que coordina la página www.preparadosparaaprender.com. “En Finlandia apuestan por el aprendizaje cooperativo y los deberes en casa son individualizados, para ampliar o investigar conocimiento. Si un niño va mal en lectura hace una actividad que tenga que ver con eso. Si va mal en matemáticas, problemas...”.

“Pero hay muchas diferencias en la posibilidad que tienen las familias de ayudar escolarmente a los hijos. Los padres que tienen menor nivel de estudios solo pueden en los cursos inferiores de primaria. Más allá, están perdidos. Y si intentan socorrer explicándoles conceptos que ellos no aprendieron bien, pueden incluso empeorar las cosas”, alerta Martín Criado, que trabaja en estos momentos en un estudio sobre maternidad y clase obrera. Pregunta a las mujeres encuestadas por su rutina y las madres le explican que dedican una o dos horas (dependiendo del curso) al día a ayudar a sus hijos con las tareas escolares.

El 80% de alumnos de primaria y el 45% de los de secundaria recibe ayuda

Muchos estudios —como el informe PISA de 2009 (véanse los gráficos)— demuestran que el rendimiento académico está muy asociado al origen social del estudiante, la profesión de sus padres, la estructura de su familia y, finalmente, el género. Es decir, existe un desequilibrio en las oportunidades educativas. “Los padres con estudios superiores pueden ayudar a sus hijos hasta cursos avanzados. Ello produce una enorme desigualdad por origen social, que se acentúa a medida que se asciende de curso. A ello se le suma, además, que las familias con más recursos materiales pueden contratar academias o clases particulares”, se lamenta Martín Criado, autor de La escuela sin funciones: crítica de la sociología de la educación.

“Es mucho más igualitario y eficaz que los deberes se hagan en la escuela bajo la supervisión de profesores. Mandarlos a casa genera desigualdad, al traspasar parte de la responsabilidad de la instrucción a las familias. El colegio deja que actúen todas las desigualdades de recursos culturales y económicos entre unos y otros”, cuenta sobre su apuesta el sociólogo. “Que las tareas se hagan en el colegio es lo que propone la nueva ley educativa que está preparando el Gobierno de François Hollande”, prosigue esperanzado.

El pasado octubre, al poco de llegar a la presidencia de Francia, Hollande informó de este cambio en los deberes escolares. Su ministro de Educación, Vicent Peillon, lo argumentó así en una entrevista en Le Monde: “Deseamos una sociedad justa. Una escuela que ofrezca las mismas posibilidades de éxito a todos. Y eso pasa por acompañar a los alumnos en su trabajo personal, en vez de hacer uso de recursos privados, como ocurre demasiado hoy día”.

El apoyo mal hecho puede generar dependencia, dice una profesora

En la Comunidad Valenciana el próximo año se pondrá en marcha un proyecto pionero, Club de Deberes, que aún se está perfilando y que sigue esta senda igualitaria que está dispuesto a implantar Hollande. “Ha sido una propuesta de un grupo de profesores jubilados que quieren apoyar en horario extraescolar en los centros. La idea es que actúen de voluntarios ellos y estudiantes de Magisterio que quieran adquirir experiencia”, explica la popular Beatriz Garbó, directora general de Calidad Educativa de la Comunidad Valenciana. “No todos los padres saben hacer una integral o analizar sintácticamente una frase. Pensamos, sobre todo, que vayan los hijos de familias desfavorecidas. Ahora tenemos que ver qué colegios se apuntan, que las asociaciones de padres y madres nos pasen una relación de nombres…”. La localidad que va a servir de conejillo de indias es Castellón: “Una ciudad de 200.000 habitantes fácil de controlar. Si va bien, extenderemos el club a otros sitios”.

Intervenir en los deberes no es bueno, pero familiarizarse en el hogar con otros idiomas les facilita a los niños el aprendizaje. En el Estudio europeo de competencia lingüística (2012), Sara de la Rica y Ainara González San Román, de la Universidad del País Vasco, han comparado a los alumnos españoles, con muy bajos resultados en inglés, con los suecos, orgullosos de su excelente nivel. Y, además de otros condicionantes, consideran que es importante el uso de inglés en el entorno familiar “para que este pueda desarrollar una capacidad auditiva desde edades tempranas que mejore su rendimiento en comprensión lectora en inglés, y a su vez progrese su expresión escrita y destreza auditiva”.

Claro que hablar la lengua franca en casa no es fácil cuando solo el 20,4% de los padres españoles la domina, frente al 78% de los suecos. Aunque, paradójicamente, los españoles comienzan a estudiar inglés antes y le dedican muchas más horas a la semana, “el hecho de que [los suecos] en el hogar puedan estar más expuestos compensa”, subrayan en su informe De la Rica y González San Román.

“Todo gira alrededor de la escuela. Se olvidan los valores”, opina una experta

Escolarizar al niño en un idioma que no es el propio causa cierto miedo a los padres. Quieren que, a diferencia de ellos, su hijo se desenvuelva en otra lengua, pero temen no poder ayudarle en las tareas o entenderse con su profesorado. El bilingüismo en la enseñanza está en plena expansión y en no mucho tiempo no habrá opción de elegir si se prefiere o no este sistema. “Aunque se tenga miedo a no controlar el idioma, en realidad es mejor, porque no hay la tentación de corregir los deberes”, tranquiliza Varela, que trabaja en Sinews, un gabinete madrileño de terapia multilingüe. Pero matiza: “Por supuesto, las cosas se complican si el hijo tiene alguna dificultad de aprendizaje en otro idioma y los padres no dominan suficiente la otra lengua. Puede necesitar una ayuda extra y lo ideal es tener un profesor de apoyo que le enseñe a estudiar y el idioma. Nosotros tenemos cada vez más clases de este tipo”.

En el Liceo Francés de Madrid también consideran que la función paterna es la de organizar el tiempo y el espacio adecuados para las tareas, pero añaden: “Si además quieren participar en el contenido de los deberes pueden hablar de estos en su propia lengua y posteriormente sus hijos escribir en francés o en otros idiomas”.

La gran mayoría de los alumnos del Colegio Británico de Madrid son niños de origen español y eso condiciona —y les gusta remarcarlo de antemano— la forma de trabajar del profesorado del centro. “Todo está muy medido, coordinado por cada departamento, no es cada profesor quien decide sus deberes. Están pensados para que los haga el niño solo en un tiempo determinado: 10 minutos, 20… Si no es capaz de terminarlos o no sabe cómo, hay que informar al colegio para adaptar las tareas al niño”, explica Silvia Prado, directora de comunicación de este colegio del British Council.

“El padre debe actuar como un entrenador”, dice una psiquiatra

“La metodología británica de enseñanza es distinta a la española y los padres tienen algo de miedo cuando los niños son pequeños, pero en cuanto se habitúan todo va bien. Por ejemplo, las matemáticas británicas a los cinco o seis años son muy distintas y por eso organizamos talleres para padres. Muchos acuden. Aunque trabajen mucho se implican en la educación de sus hijos. También les despista el sistema de lectura, que es muy fonético”, cuenta Prado.

La enseñanza en las lenguas cooficiales también preocupa. Según el estudio Creencias y actitudes lingüísticas de la población castellanohablante hacia el euskera, del grupo de investigación Amarauna de Unesco Etxea, el 53% de los padres aprende o aprendería este laberíntico idioma (solo uno de cada 10 lo hace) en primer o segundo lugar para ayudar a sus hijos con los deberes. Atrás quedan la comunicación con los vascohablantes, el sentido de pertenencia a una tierra o el deseo de preservarla.
Interesarse por los deberes ya está en la cabeza de todos los padres, el objetivo ahora es implicarles en las actividades del centro. Por ahora, una utopía. Acuden a ellas un 32%, el doble que a las reuniones, y eso por no hablar de la engorrosa organización, a la que solo se anima un pírrico 4% de los padres, según el estudio La participación de las familias en la escuela pública (2008), de Jordi Garreta. Tiempo al tiempo.

Recomendaciones con sentido común
  1. El padre no debe sentarse en una silla al lado del estudiante porque transmite mensajes negativos: “No sabes hacerlo solo”, “descuida, que yo me ocupo”.
  2. No hay que corregir los ejercicios en casa. El objetivo no es llevarlos perfectos, sino probar a hacerlos para ser conscientes de la dificultad. El profesor corrige mejor; hay que oírle.
  3. No hay que dedicar toda la tarde a estudiar. Mejor si juega con los amigos en algún parque; mejora la concentración al llegar a casa.
  4. El niño tiene que anotar en una agenda los deberes, lecciones a estudiar, trabajos a entregar y fechas de examen.
  5. Hay que comenzar por una tarea breve y sencilla para calentar motores y luego hacer la menos agradable. Reservar para el final algo liviano y entretenido.
  6. Un reloj en la mesa ayuda a controlar el tiempo.
  7. Recordar que no es posible mantener la atención ininterrumpidamente más de 40 minutos.
  8. Es recomendable estudiar en un lugar de la casa que no sea de uso común, con el móvil apagado.
  9. Hay que comprobar que ha corregido en clase los deberes y en qué ha fallado.
Visto en El País 


viernes, 5 de octubre de 2012

Web Aprender a Estudiar



“Aprender a estudiar” es una página web creada por Raúl Martínez aborda las técnicas de estudio desde una perspectiva práctica, llena de ideas, recursos, trucos, ejercicios, prácticas, ejemplos, etc.

Un excelente recurso para consultar y trabajarlo poco a poco y seguro que el tiempo que le dediquéis os ayudará sacar más provecho de vuestro tiempo de estudio y trabajo en casa, vuestro  rendimiento académico mejorará, disfrutaréis más aprendiendo y ganareis horas de ocio.

Desde aquí queremos darle las gracias al profesor Raúl Martínez por su gran trabajo y por su generosidad al compartirlo.

Reglas Mnemotécnicas

jueves, 4 de octubre de 2012

Cómo Hacer Resumenes



El resumen consiste en recoger de forma abreviada y con el lenguaje propio las ideas principales de un texto. El resultado debe ser una redacción coherente que represente lo fundamental y esencial del contenido que se resume y evite lo secundario. De este modo, con su lectura se obtiene una idea general de los conceptos y conocimientos más importantes de un texto o tema a estudiar.

Claves para un buen resumen:

Lectura previa completa: antes de comenzar a elaborar el resumen, realizando una lectura comprensiva completa del texto, evitando caer en el error de redactar el resumen a medida que se lee, ya que de esta forma no podrá delimitar de manera global  las ideas y conceptos fundamentales.

Subrayar las ideas más importantes, destacando mediante un trazo las frases esenciales y palabras clave de un texto, después de haber realizado al menos 2 lecturas y haber entendido su contenido y el significado de todas sus palabras . Para hacerlo podemos utilizar un lápiz o lápices de colores para distinguir las ideas principales de las secundarias.

Hacer una breve redacción utilizando nuestras propias palabras, recogiendo las ideas principales y con una extensión menor al 25% del texto original. 

miércoles, 3 de octubre de 2012

Cómo Hacer Esquemas



¿Qué es un Esquema?

Es la expresión gráfica del subrayado que contiene de forma sintetizada las ideas principales, las ideas secundarias y los detalles del texto.

¿Por qué es importante realizar un esquema?

Porque permite que de un sólo vistazo obtengamos una clara idea general del tema, seleccionemos y profundicemos en los contenidos básicos y analicemos para fijarlos mejor en nuestra mente.

¿Cómo realizamos un esquema?

· Elaborar una lectura comprensiva y realizar correctamente  el subrayado para jerarquizado bien los conceptos (Idea Principal, secundaria…)
· Emplear palabras claves o frases muy cortas sin ningún tipo de detalles y de forma breve.
· Usa tu propio lenguaje expresiones, repasando los epígrafes, títulos y subtítulos del texto.
· Atendiendo a que el encabezamiento del esquema exprese de forma clara la idea principal y que te permita ir descendiendo a detalles que enriquezca esa idea.
· Por último elige el tipo de esquema que vas a realizar.

Tipos de Esquemas

Hay mucha variedad de esquemas que pueden adaptarse, sólo, depende de tu creatividad, interés o de la exigencia de tu materia.

Te presentamos algunos modelos:







martes, 2 de octubre de 2012

Cómo Aprender A Estudiar

Condiciones Ideales Para Estudiar en Casa

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El cansancio, la falta de sueño, el hambre, el dolor de cabeza, de vista, etc., son serios obstáculos para un estudio provechoso.

Estar en la mejor forma física posible es una de las primeras condiciones para el estudio; de ahí que es aconsejable buscar para estudiar aquellas horas en que el cuerpo esta más descansado.

Para mantenerse en forma al estudiar hay que evitar todo aquello que distraiga la atención en el estudio y buscar un lugar en que no haya ruidos, ni visitas, ni llamadas, etc.

A ser posible el lugar de trabajo deberá:
  • Ser siempre el mismo sitio, ya que esto ayuda a crearse un hábito de estudio.
  • Estar suficientemente aislado permitiendo la concentración, desaconsejando la música para actividades que requieran gran concentración.
  • Tener una buena iluminación preferiblemente natural y la luz deberá entrar por el lado contrario a la mano con la que se escriba para evitar sombras sobre la superficie de trabajo (por la izquierda para los diestros y por la derecha para los zurdos). La iluminación deberá estar bien distribuida (ni demasiado intensa, ni demasiado débil), siendo lo más adecuado una lámpara articulada con una bombilla de 60 W preferiblemente de tonalidad azul, apoyada con otra iluminación ambiental que ilumine el resto de la habitación, para que no haya demasiado contraste
  • Mantener un orden fijo que permita localizar fácilmente cualquier objeto que haga falta.
  • Estar correctamente ventilada y la temperatura en su interior deberá estar entre los 18-22º, el frío produce inquietud y nerviosismo, mientras que el calor sopor e inactividad.
  • La mesa será amplia y adecuada a la altura del estudiante, mientras que la silla deberá favorecer la formación de un ángulo recto con las piernas y descansar los pies sobre el suelo, en este sentido las más adecuadas son las anatómicas regulables en altura.

Encontrarse bien, física y mentalmente, ayuda enormemente al estudio. Lógicamente, esto muchas veces no está en nuestra mano, pero siempre podemos hacer algo por fomentarlo.

Las condiciones psicofísicas se pueden mejorar con:
  • Actividad física (Practicar un deporte, hacer ejercicio con regularidad).
  • Horas de sueño suficientes (10 horas).
  • Alimentación adecuada (dieta mediterránea con mayor énfasis en los desayunos y evitando en lo posible los alimentos que no sean frescos).

Es aconsejable no ponerse a estudiar si:
  • Acabamos de comer
  • Estamos cansados
  • Tenemos sueño
  • Estamos nerviosos

Bienvenidas y bienvenidos

Esperamos que este blog sirva para consolidar la AMPA como espacio de encuentro entre las familias, así como para intercambiar información, experiencias, preocupaciones y expectativas respecto a la educación de nuestros hijos e hijas.